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domingo, 5 de abril de 2015

Panchito Jimenez - Mi Linda Rosa

Tema interpretado por el Leon del Norte



sábado, 2 de febrero de 2008

Homenaje a Panchito Jimenez

Él rugía” valses
JOSÉ VADILLO VILA
jvadillo@editoraperu.com.pe

Cuando “El León” tomaba el micrófono, un rugido singular emergía desde el fondo de su garganta, abriéndose paso entre los contrapuntos de las guitarras. Era un canto de barítono, sazonado con falsetes y la picardía del dejo norteño. Entonces, la jarana empezaba, con golpes de buen cajón como dice la canción.
Sí, Panchito Jiménez Fernández no cantaba, sino “rugía” valses. Por eso, su compadre José Lázaro Tello—gigante de los micrófonos, quien puso los nombres artísticos más memorables— lo bautizó como “El León del Norte”, dizque por la singularidad y fortaleza de su canto. Si Lázaro resucitase, sabría que no se equivocó.
“La gente me decía: ‘pero si en el norte no hay leones’, ¡cómo que no hay!, ¿y el puma?”, bromea el cantor este mediodía limeño en el sofá de su casa de la urbanización Los Cipreses, donde vive hace 37 años. La sala y el comedor están adornados con trofeos, diplomas y fotos que recuerdan su grandeza vocal. Varios leones de fantasía, que sus admiradores le han regalado, cuidan la morada.
Cuando lo bautizaron como “El León del Norte”, Panchito iniciaba su carrera como solista tras años al volante de Los Trovadores del Perú y Fiesta Criolla. ¿Le gustó el apelativo? “Aunque no le guste a uno, tiene que aguantar”, sonríe pícaro. Este criollo de 87 años de edad dejó de “rugir” valses y marineras hace dos o cuatro años. Y se disculpa por la falta de precisión en las fechas, porque “lo primero que uno olvida a esta edad son los almanaques”.

De Chiclayo a la palestra
Francisco Julián Jiménez Fernández (prefiere siempre obviar su segundo nombre) comenzó como cantante en Chiclayo, “la tierra donde se acuesta uno, amanecen dos y se hacen tres”, como reza el dicho.
Soltaba sus gallos con los grupos de su barrio El Porvenir. Profesionalmente, se inició cuando “a los 15 o 16 años de edad” participaba en los diversos concursos de radio Delcar, la OAX norteña. “Ahí cantaba música peruana, huainitos del norte, marineras y valses. Mi fuerte eran los valses.”
Una vez, recuerda, ganó “un billete colorado de 10 soles”. Nos grafica: en ese momento histórico servía para comprarse dos pares de zapatos marca Aguila, y te sobraban como dos soles más. Eran otros tiempos.
Un día se dijo, “me voy pa’ Lima” y por el año “mil novecientos cuarentaitantos” ya era la primera voz de Los Trovadores del Perú, reemplazando a Javier González. En el conjunto conoció al “Chino” Óscar Avilés, con quien escribiría más tarde páginas importantes del críollismo.
Los Trovadores fueron de gira hasta Oruro, Bolivia, donde se disolvieron. Panchito decidió probar suerte, y estuvo siete años “andando” entre Bolivia y Argentina. “A la fuerza” tuvo que aprenderse huainos y taquiraris, que el público le exigía.
Degusta el recuerdo de esos años como una etapa muy buena de su vida. “No me quejo. Se ha paseado uno muy bien.” En La Paz recibió un correo de Avilés, quien lo invitaba para que volviera a Lima. Panchito, que ya quería regresarse, tomó sus maletas y se vino. Así, ese 1957 fecundaron Fiesta Criolla.

De Fiesta.. a “El León”
Para los conocedores de la materia, Fiesta Criolla pertenece a la última gran generación de conjuntos de la música costeña urbana. Integrado con Avilés y Jiménez a la cabeza, el quinteto sólo duró nueve años, entre sus dos etapas. Tiempo suficiente para llegar a la eternidad.
Con sus presentaciones en radios y canales de televisión de la época, y grabaciones de discos que se multiplicaban como maná del cielo, el conjunto pasó a la historia por ese vals hecho para bailar en fiesta perpetua.

Después, Panchito empezó su larga etapa en solitario. Su esposa, la monsefuana Consuelo Llontop Chafo- que, hija de la dueña del histórico Rinconcito Chiclayano, lo acompaña hace casi cuatro décadas. Ella no canta, pero por años se sentó con el a escuchar juntos las canciones para que aprendiera bien las letras.
Hacemos un paréntesis para preguntarle si dedicarse a la música toda la vida ha sido bueno. “No se ha ganado grandezas, pero uno se ha defendido. Antes, por ejemplo, te pagaban para grabar; ahora, tienes que pagar para grabar”, explica.
Por algo, don Panchito agradece que ninguno de sus cinco hijos heredara su vena artística. “Ellos trabajan”, bromea. ‘La vida del músico es muy difícil, hay que tener mucha suerte.

Cantata y fuga
Hace varios años, este devoto de la Cruz de Motupe y el Señor de los Milagros se alejó definitivamente del medio, por problemas con la presión alta; aunque hay quienes insisten en que vuelva a ‘rugir” en los escenarios.
Ya no frecuenta a los amigos de antes, a las serenatas y las peñas, que no son como las de su tiempo. “¡Qué vamos a comparar, hasta la gente era otra! Además, ya cansa, pe.” Tampoco se manda su tanganazo de pisco para afinar la garganta.
Son otros tiempos, los cantantes modernos “hasta saben música”. Él lo aprendía todo de oído y nunca supo rasguear una guitarra; aunque grabó tantos discos que olvida el número. En sus más de 60 años de servicios profesionales a la peruanidad se ha cuidado la voz sólo evitando bebidas heladas y limitando las jaranas.
No le gusta quejarse. Dice que el Estado le ha retribuido ‘un poquito”. En su primer gobierno, Alan García les dio trabajo a algunas figuras del criollismo. Así, se hizo profesor de música del colegio Hipólito Unanue, lo cual le valió para jubilarse, hace nueve años.
Cada mediodía, don Panchito prende el equipo de sonido y lo revitaliza escuchar las canciones que inmortalizó. Empero, le preocupa que muchos cantantes grandes estén retirándose. Opina que si no se escuchan a buenos cantantes y compositores es porque la música extranjera está “matando” todos los géneros musicales nacionales.
Los extranjeros saben de qué pie cojeamos. ¿Te has dado cuenta de que el cantor peruano tiene una cosa extraña: siempre comienza por lo extranjero? ¡Cuántos se reían de los huainos, de la música de los negros, que son tan bonitas, y ahora están de moda!”
No cree en aquello de que la música criolla vaya a desaparecer. “No va a morir, porque no se la puede botar de la casa.” Pero sí parece a veces que este género musical sufre de ataques al miocardio, ‘eso-denuncia el artista— se debe a los cantores y los extranjeros, siempre”.


Extraído de El Peruano.